Es evidente que el tabaco y el alcohol tienen un impacto negativo en la fertilidad tanto femenina como masculina. En el caso de las mujeres, fumar reduce la reserva ovárica y acelera el envejecimiento de los óvulos, afectando su calidad y dificultando la implantación embrionaria. En los hombres, el tabaco disminuye la concentración y movilidad de los espermatozoides, además de aumentar el daño en su ADN.
En cuanto al consumo de alcohol, este también tiene un efecto directo sobre la función reproductiva. En la mujer, puede llegar a alterar la ovulación y modificar los niveles hormonales, dificultando la concepción. En el hombre, puede reducir la producción de testosterona y afectar a la calidad del semen, disminuyendo la probabilidad de embarazo.
Abandonar estos hábitos, además de mejorar las tasas de éxito en los tratamientos de reproducción asistida, también tiene multitud de consecuencias positivas sobre la salud en general del paciente. En caso de estar buscando un embarazo, la recomendación es reducir o eliminar totalmente el consumo de tabaco y alcohol.
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