El equilibrio del microbioma vaginal es un factor clave en la fertilidad femenina y en el éxito de los tratamientos de reproducción asistida. Cada vez hay más evidencias de que la composición bacteriana del aparato reproductor influye directamente en la capacidad del embrión para implantarse y desarrollarse correctamente.
Este conjunto de microorganismos, conocido como microbiota, convive de forma natural en el cuerpo y cumple funciones protectoras. Cuando predominan bacterias beneficiosas, como las del género Lactobacillus, el entorno uterino mantiene un pH estable y una respuesta inmunitaria adecuada, condiciones esenciales para la implantación embrionaria.
Por el contrario, los desequilibrios microbianos —una situación conocida como disbiosis— pueden generar inflamación y favorecer la presencia de bacterias perjudiciales, provocando fallos de implantación, abortos y menor eficacia de la fecundación in vitro.
Actualmente, existen pruebas que permiten analizar la composición del microbioma y detectar posibles alteraciones. Cuando se identifican desequilibrios, se puede recurrir a medidas como el uso de probióticos, pautas antibióticas controladas o ajustes dietéticos.
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