La pérdida gestacional es un acontecimiento relativamente frecuente y, en muchos casos, está relacionada con alteraciones genéticas del embrión. Se estima que entre el 50 y el 70 % de los abortos espontáneos se deben a anomalías cromosómicas, lo que hace especialmente relevante poder identificar su posible origen.
Para conocer si un aborto tiene una causa genética, existen pruebas específicas. Tradicionalmente, estos estudios requerían tejido embrionario o placentario, pero hoy en día también pueden realizarse a partir de una muestra de sangre materna, lo que simplifica el proceso diagnóstico.
Evalo acaba de incorporar una herramienta que permite estudiar el ADN placentario que circula en la sangre de la madre tras una pérdida gestacional. Este análisis ayuda a detectar alteraciones cromosómicas y a orientar el riesgo en futuros embarazos.
La incorporación de este tipo de estudios en clínicas especializadas supone un avance en el abordaje del aborto espontáneo. Disponer de información genética fiable puede facilitar el asesoramiento reproductivo y contribuir a una planificación más precisa.
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