No solo un embarazo puede ser la causa de un retraso menstrual. Aunque es la razón que más se asocia, existen numerosos motivos que pueden afectar a la regularidad del ciclo.
Desde el estrés físico o emocional hasta los cambios bruscos de peso, el exceso o la falta de ejercicio físico, trastornos de la tiroides, el síndrome de ovario poliquístico (SOP) o ciertos tratamientos médicos, pueden llegar a alterar la ovulación.
También es común experimentar retrasos en la adolescencia, cuando el sistema hormonal aún se está regulando, y en la perimenopausia, etapa previa al cese definitivo de la menstruación. Y la lista no termina ahí: cambios recientes en la rutina, viajes con desfase horario, dietas muy restrictivas, enfermedades crónicas no diagnosticadas…
Si los retrasos son frecuentes o se acompañan de síntomas como dolor pélvico, acné severo o sangrados abundantes, lo más adecuado es consultar con un especialista. Un seguimiento ginecológico permite detectar a tiempo cualquier alteración hormonal o reproductiva y establecer el tratamiento más adecuado en cada caso.
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