Aunque ambas técnicas se utilizan en tratamientos de reproducción asistida, existen diferencias importantes entre la congelación de óvulos y embriones.

Emplear esta técnica con óvulos implica la extracción de los óvulos maduros de una mujer, sin fertilización, para ser preservados hasta que esta decida utilizarlos. Es un procedimiento especialmente útil para mujeres que deseen retrasar la maternidad o que tienen previsto someterse a un tratamiento médico que podría comprometer su fertilidad, como una terapia oncológica.

Por otro lado, la congelación de embriones se realiza tras la fecundación de los óvulos, en un proceso que involucra su inseminación. Los embriones resultantes se desarrollan durante unos días y, si se consideran viables, se congelan para ser utilizados posteriormente en un tratamiento de fertilidad.

Esta opción suele tener una mayor tasa de éxito que la congelación de óvulos, pero precisa tener pareja o usar semen de donante, quedando vinculados todas las opciones de embarazo futuro a ese semen. El especialista puede determinar cuál es la técnica más adecuada en cada caso particular.

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