Durante el embarazo, muchas mujeres perciben cambios en la forma de su cuerpo y es habitual preguntarse si las caderas realmente se ensanchan. En realidad, más que un crecimiento permanente de los huesos, lo que ocurre es una adaptación del organismo para facilitar el desarrollo del embarazo y el parto.
Uno de los factores que explican esta sensación es la acción de hormonas como la relaxina, que aumenta durante la gestación y favorece una mayor elasticidad en los ligamentos y articulaciones de la pelvis.
También influyen otros factores como el aumento de peso, la redistribución de la grasa corporal o las modificaciones en la postura que se producen a medida que avanza el embarazo. Todo ello puede hacer que la silueta corporal cambie y que las caderas parezcan más anchas.
Tras el parto, y con el paso del tiempo, el cuerpo suele recuperar progresivamente su equilibrio previo, aunque cada mujer puede experimentar cambios distintos. Se trata de un proceso natural de adaptación del organismo durante una etapa de importantes transformaciones físicas.
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